De igual modo que muchos animales se han adaptado a las mareas, los humanos también nos adaptamos a los ciclos de las mareas. Es decir, tanto los humanos que viven en el litoral de las zonas afectadas como los que trabajan en el mar.
Las personas que viven en el litoral de zonas como el mar Mediterráneo, donde el rango mareal es muy bajo, no se adaptan apenas. Una excepción la viven las personas de Venecia, ya que cuando la marea sube muchas zonas de la ciudad se inundan, Incluida la plaza de San Marcos que es el centro neurálgico de la ciudad.
En otras zonas, como en el Atlántico, las mareas poseen alturas mucho mayores y por ejemplo, los puertos están adaptados a ello, con pantalanes móviles que suben o bajan acordes con la marea.
Otro ejemplo similar está descrito en la literatura náutica y explica que para llevar a cabo el ascenso del río Guadalquivir los barcos esperaban la llegada de la marea alta que les facilitaba cruzar los bancos de arena sin embarrancar.
Las mareas más grandes del mundo se producen en la bahía de Fundy en Canadá, donde de forma habitual las diferencias son de hasta 16 metros (teniendo el récord en más de 21 metros). ¿Puedes imaginar hasta qué punto se tienen que adaptar los canadienses habitantes de esa zona a las diferencias entre la pleamar y la bajamar?
Foto del puerto de Faro (Portugal) tomada por el autor del blog. Se pueden observar los pantalanes móviles.




